Bienvenidos a esta conjuración de verbos y mundanas inquietudes, a estos cánticos forjados en agua, a mis laberintos, a mi noche de pájaros...

19/7/08

HABÍA UNA VEZ UN FONTANARROSA

San Nicolás, Julio de 2008.


Querido Negro:

Muchos dirán que te llevaste todo el humor cuando te fuiste, que Inodoro no es el mismo y desde entonces vaguea por las pampas. Yo creo que no. Yo creo que sólo nos falta tu gesto cómplice, generoso.
Dirán que no hay consuelo ni razón, que no hubo despedida para la risa puramente risa. Que no. Que no vengan un año después a llorar palabreríos sin sentido.
A veces, casi sin querer, miro tu foto y te imagino en el bar celeste de la esquina celeste mientras el café se me pierde en el aire. A veces un pedazo de nostalgia me mancha los dedos a la hora de escribirte.
Esto que ves tiene hambre de juego barato, de nostalgia o de ironía: da igual porque todo vale con el vale todo, y lo demás es puro cuento (mal que les pese a los polvoritas).
Mirá si te extrañamos, Negro, que hasta las malas palabras y los gatos tienen ganas de salir corriendo. Mierda, che! Y mejor que a estos boludos ni se les ocurra dormir la siestita del día tirados en el pasto.
Mirá cómo te extrañamos. Así de grande te extrañamos. Casi imposible no gritar que le hacés falta al mundo. Te mando un fuerte abrazo desde abajo.

Sean eternos los Mendietas, por los siglos de los siglos...


Evangelina.
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1 comentario:

Daniel Paredes dijo...

¡Mencantó, Ñavangelina! Que los tiró, quescribe bien en cualquier degénero usté. ¡La Fe licito! :)